Editorial: agosto 2017, Permanencia

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Editorial: agosto 2017, Permanencia

¿Alguno de ustedes tuvo una etapa egipcia? He tenido esta conversación con amistades, y varias han tenido una etapa egipcia. Consiste en estar obsesionado con la cultura del antiguo Egipto por un período importante de tiempo, en el que lees del tema, e incluso te llegas a aprender los significados de algunos jeroglíficos y los rituales fúnebres. Yo tuve una etapa egipcia, y de las muchas cosas que aprendí, me recuerdo de las pirámides.

Los emperadores egipcios mandaban a construir enormes pirámides en las que los enterrarían junto a sus familiares, y que los ayudarían a estar protegidos para pasar a la siguiente vida. También ayudaba a que fueran recordados en la posteridad. Todo esto me hace pensar mucho. Pienso en las siguientes vidas, y en las interpretaciones de distintas culturas acerca del tema, y pienso en el legado que dejaban estos emperadores. Bai, me voy a morir, te dejo esta gran pirámide que mandé a todos mis esclavos a construir para que se recuerden de mi grandeza. Luego lo comparas con algunas de las lápidas que usamos hoy en día y no parece tan imponente como las pirámides. Y ahí, es uno de los momentos en los que te puedes empezar a preguntar: ¿cómo voy a ser recordado? Empiezas a pensar en tus propias pirámides, en tus propias formas de que cuando te mueras, el mundo lo note un poco. Hay gente a la que esto no le interesa en lo más mínimo. Hay quienes están bien con que una persona los recuerde. Pero luego queda esta duda de cómo lograr esa permanencia, y al mismo tiempo quedan estas ganas de hacer algo tan maravilloso, que gente unos siglos más adelante te recuerde. Que le pongan mi nombre a una calle o algo, ¿no?

Hay a quienes conocemos por sus malos actos, que los tenemos ahí como recordatorio de no volverlos a cometer. Luego está la gente que hizo cosas fabulosas y quedó en la historia.

Después hay permanencias más personales. Está ese perfume de esa maestra en preescolar, de la cual no recuerdo el nombre ni la cara, pero que un par de veces en mi vida me ha logrado paralizar pensando en qué huele realmente. No es tan dulce, pero tampoco es amargo, pero si trato de recordar el olor no puedo y cuando trato de perseguirlo se pierde enseguida. Cosas así. El otro día mi prima iba a meter a lavar una camisa suya pero le olió tanto a la yo de hace 10 años que no se atrevió. Los olores de cada cosa que permanecen en nuestra mente, cada persona con su fragancia personal. Me gusta el olor a gasolina porque me acostumbré de pequeña. El olor al café, al pan, al chocolate, a la mermelada. El olor de ese perfume que nunca sabré describir con precisión.

Las voces. Tengo un proyecto que no he llevado a cabo, y es hacer un álbum de voces. Voces me han dejado paralizada también a veces; ocasiones que escucho la risa de una amiga que sé que no puede estar ahí, que vive en otro país, pero es tan suya que por un momento lo olvidas.

Me gusta una frase de Maya Angelou que dice que la gente puede olvidarse de tu cara pero no se va a olvidar de cómo los hiciste sentir. Me gusta lo que eso expresa, y lo siento real hasta cierto punto. En otros aspectos no. Siento esta frustración constante de no poderlo captar todo, y en los momentos más chéveres en mi vida, hay emociones que no logro describir con el detalle que quisiera, imitar con la precisión que valdría la pena. Son cosas que se van y dejan un vestigio, una mera sombra de lo que fueron. Hay cosas imposibles de atrapar.

I've learned that people will forget what you said, people will forget what you did, but people will never forget how you made them feel. Maya Angelou

Permanencia en los recuerdos y somos tan olvidadizos, aunque el olvido está lleno de memorias, como dijo Benedetti, y de la nada salen cosas de las que nos recordamos y no sabemos por qué.

Creo que eventualmente la gente aprende que todas las cosas se acaban. El otro día vi un meme, tal vez lo encuentre luego y lo ponga acá, de un chico que le decía a su madre que se iba a poner un tatuaje temporal y se hacía un tatuaje permanente y luego le decía a su madre ”todo es temporal” y la madre se indignaba.

Las cosas se acaban y es nuestra elección si disfrutarlas al máximo o no, es nuestra decisión elegir lo que es bueno para nosotros, no estar siempre esperando, no dejarse pisar. Además es esperanzador pensar que las situaciones difíciles que se están viviendo también terminan.

Hay cosas que son tan recientes pero que parecen tan eternas. Veo a mis amigas y una de las palabras que se me ocurre es esa, eternas. Constantes. Me parece que son tanto, que no se pueden acabar. Sí mencionaron el otro día en el podcast de ciencia que escucho (SciFri) que muy probablemente estamos respirando aire en común con gente muy antigua, con Sócrates, con Napoleón, con quien tu quieras, porque las moléculas de aire perduran por millones de años, o algo así que no sé explicar bien. Y sí está esto de que la materia no se destruye, se transforma. Pero cuando hablo de eternas es esta sensación de que siempre estuvieron y estarán, que aunque no las conocía ahí estaban, y aunque no sé qué va a pasar ahí van a estar.

No sé cuál sea la receta de permanencia, y no sé si la inmortalidad sea algo bueno tampoco. Creo que las ideas son lo que más perduran, y dicen por ahí que si te ama un artista difícilmente vas a morir.

El concepto de la permanencia me abre muchas ideas, de esas que me vuelven locas porque doy vueltas en laberintos y no logro salir, que resultan en preguntar cosas que llevan a más dudas, que me frustran constantemente. Pero eso me agrada. Es un tema del que no creo que me moleste pasar un mes discutiendo y pensando, y me emociona lo que puede traer.

Ojalá permanezcan leyéndonos. Yo estaré pensando en esto por mucho rato todavía.

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