Donde reviento

No ficción

Donde reviento

El borde del horizonte son nuestros ojos. El panorama siempre empieza en el sitio desde el que miramos. Hace seis años, en un lugar cuyo nombre nunca supe, me paré sobre la roca donde revientan las olas y se rompe el mar. Cuando el mar se rompe vuelve a sí mismo. Y aunque yo también reviento como lo hacen las olas, contra las piedras, salpico lejos y no vuelvo a ninguna parte.

Llevo dentro corrientes que no frenan y cosas que buscan sitio para estrellarse. Cuando me doy cuenta me refugio en mi cuarto, donde las paredes impiden la dispersión de mis pedazos, manteniendo lo que se derrama a mi alcance. Después de estallar me busco entre las almohadas, los libros, las tazas vacías y las cobijas. Pero el alma tiene la forma del mar, es agua, y no se deja recoger tan fácil: siempre se me escurre entre los dedos cuando quiero beberla para que vuelva a mí.

Es un espectáculo asqueroso el que ocurre en mi habitación cuando arrastro la lengua por el suelo, las paredes y demás superficies en el intento, siempre fallido, de recuperarme. Acabo hecha ovillo, en el suelo, intentando abrazarme todo el cuerpo sola. Me doy lástima cuando soy diminuta. Pero eso sólo lo ha visto el cuarto.

Mi habitación es testigo de que yo me rompo. Las ventanas albergan aún rastros de la pintura que usé cuando escribí en azul, sobre su transparencia, todas las frases que me desgarran. De mis sábanas no han salido las manchas de sangre que emanaron de mi piel aquella vez que me raspé la rodilla a los veintiuno como lo hacía a los ocho. La puerta del clóset sigue descuadrada desde que la golpeé con mis puños porque la soledad se me hizo rabia.

Eso es la intimidad: lo que no se dice en voz alta, la tragedia que se guarda, lo que repugna al ojo ajeno. Lo que se mantiene en secreto por pudor o vergüenza y aún así es tesoro. Mi única pregunta, ahora que sólo eso tengo, es si sigue siendo mía o se ha vuelto de todos.

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Valeria Farrés

Valeria Farrés

Caracas-Ciudad de México.