De granito

Estaba sentada en el suelo de la casa de mi abuelo con diez u once o doce años, con la nariz metida en un libro: Mitos y leyendas de Chiloé. Era la época en que veía La otra cara del espejo (del Mega) y las teleseries nocturnas porque mi mamá sabía que

  1. No me asustaba
  2. No me dormía antes de las 11 de la noche de todas maneras

Pero nada como las historias de Chiloé.

Y el día en que nos paramos frente a las Torres del Paine, con todo el viento a nuestro favor peinando las nubes fuera de vista, sentí que había algo de ellas en mí como de mí en ellas.

Porque estamos labradas de lo mismo

Así supe que estaba hecha de granito.

Hace poco menos de un año, mi abuelo me invitó a viajar con él por una de sus tierras. Al pensarlo, volví a aquel día, sentada frente al librero, cuando entró él, miró el libro y me dijo “te lo regalo”. De ahí lo llevé de un lado a otro, soñando y contándole a quien escuchase sobre El Trauco y el Caleuche y cómo quise ser la Pincoya y bailar frente al mar mandando la pesca. Mi papá la dibujó para una exposición. Yo quería su pelo largo.

Bajando del avión me pegó: el olor a sur. Olor inconfundible a aire frío húmedo, a veces de lago, a veces marino, mezclado con la vista al fondo de la cordillera. Los nombres de los árboles con fonemas que no parecían curiosos hasta que los escuchasen oídos que los desconocían y me lo señalaran: queules y coigües y arrayanes.

El habla ya me salió muy nativa, pero a eso voy. A que los vientos sureños me encuentran como si nunca hubiésemos sido extraños, de los Ríos a los Lagos y a Chiloé y la Patagonia (Aysén no lo conozco, pero nos reencontraremos en algún futuro). Cuando ando en el bosque, los pajaritos suenan de la manera en que siento que siempre han sonado. Cuando me siento en el pasto, el verde no podría ser de otro tono. O al mirar la pampa, solamente la planicie combinada con la montaña hace sentido.

No hay nada como el sur. El sur del sur, que del hemisferio sur ya soy, y de Sudamérica y del Cono Sur. Y aquí les cuento de la zona sur. Quien contó que el fin del mundo era el Apocalipsis nunca vio la Patagonia.

Y vuelvo a mis pilares. Vuelvo a mis columnas magallánicas difíciles de escalar, y si me encuentran terca, échenle la culpa a mis Torres, que un día las vi y quise ser como ellas. Así, tal cual. Hecha de granito.

Amanda González Alarcón

Amanda González Alarcón

Chilena paltera, 23 años. Instagram: @amandinalaandina.