cuando la gorda se pone flaca

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cuando la gorda se pone flaca

Cuando la gorda se pone flaca, hace una entrada triunfal y el mundo entero se queda en silencio por un segundo. Abren los ojos con asombro y, aunque quieran disimularlo, admiración. Cuando la gorda se pone flaca es una supernova que encandila, el patito feo que se convierte en cisne, Mía después de su cambio de look en El Diario de la Princesa.

“¡Estás más flaca!” dicen, y lo que podría ser una simple observación, adquiere un tono de felicitación, de aprobación. “Estás más flaca” te dicen y aquello anula toda tu vida anterior, porque nada nunca podría estar a la altura de este momento, en que eres admirada y querida. Parecieran alimentarse de vida con tan solo mirarte. “Estás flaca” y por su tono de voz te das cuenta que te están diciendo que estás más linda, que estás mejor. Que eres mejor ahora. Y la antigua gorda que ahora es flaca se queda preguntando: ¿tan mal estaba antes?

Cuando la gorda se pone flaca, se convierte en alguien. Deja de ser transparente. Los días de pasar inadvertida, de que la gente pase a tu lado sin verte realmente, se acaban. Ahora, cuando se sube a la micro la gente se da vuelta para mirarla. En las fiestas los hombres no paran de acercarse para hablarle, le ofrecen algo para beber, le abren las puertas cuando quiere entrar a una habitación. Acechan a su alrededor como buitres. Cuando la gorda se pone flaca, de pronto todos le prestan atención. Incluso los profesores parecen escucharla con más cuidado cuando levanta la mano en clases para preguntar algo. La atención se traduce en cortejos, coqueteos. La atención se traduce en amor. Y la atención se convierte en adicción. Porque a la ex gorda nunca la habían querido así.
Y de pronto la adicción se convierte en paranoia, paranoia de perder la atención, perder el amor. Paranoia de volver atrás, de perder lo ganado, de dejar de ser bella.
Porque, ¿quién te va a querer cuando no eres bella?

La gorda que ahora es flaca se acostumbra a evitar ciertos alimentos. Se acostumbra a dar vagas explicaciones de porque no quiere probar la torta en el cumpleaños de su amiga, porque no quiere un pedazo de pizza cuando todos están comiendo. Se acostumbra a estar todo un almuerzo hablando y riendo, sin nunca tocar el plato que tiene al frente. Se acostumbra a que hay cosas que simplemente no se cuenta, a que hay cosas que si se esconden no pueden llegar a doler. Se acostumbra a hacerle zoom a las fotos en la que la etiquetaron en Facebook, para examinar si su brazo se ve demasiado gordo, su cintura muy ancha, si aquel bulto se debe a que la camisa que se puso aquel día le quedaba muy grande o a que le estaba volviendo a crecer la panza. Y mientras, el resto del mundo continúa alabándola. Continúa poniéndola en un altar. Porque no ven lo que hay detrás de aquella imagen perfecta, y lo que no se ve probablemente no existe. Y si la gorda ahora es flaca, aquello es lo único que importa.

La gorda que ahora es flaca hace de todo para no perder su nueva belleza. Se hace daño, pero no se da cuenta, jamás se daría la cuenta, porque, ¿cómo algo tan hermoso puede lastimarte? ¿qué puede haber de malo en algo que crea solo cosas bonitas?

Hay una pequeña línea, entre la belleza y la enfermedad, entre lo aceptable y lo raro. Hay una pequeña línea que muchas veces nadie te avisa siquiera que existe. Y cuando la gorda que ahora es flaca la cruza y cae y se lastima, todos dan un paso atrás. Levantan las manos para librarse de cualquier responsabilidad. Todos dicen qué raro. Todos dicen mira que está mal el mundo que la gente se obsesiona tanto con su apariencia. Que cómo se puede llegar tan lejos. Que suerte ser sanos e inteligentes como nosotros lo somos y no caer en esas enfermedades. Y nunca admitirán que son parte del problema. Nunca admitirán que ellos construyeron también la enfermedad. Ellos mismos crearon esta sed por más, esta necesidad. Ellos mismos exigieron demasiado.

Cuando la gorda se pone flaca se transforma en propiedad pública. Su cambio es una suerte de bandera, los ideales y sueños de todo el mundo. Y a nadie le importa demasiado como se construyeron estos sueños.

Amanda Teillery Delattre

Amanda Teillery Delattre

Chile. 22 años. Autora del libro de cuentos "¿cuánto tiempo viven los perros? publicado por editorial planeta, sello emecé