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No ficción

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Estaba leyendo un artículo acerca del COVID escrito por Siddhartha Mukherjee acerca de por qué la pandemia parece afectar a unos lugares más que a otros (por ejemplo parece que en la India se propagó mucho más lento que en Estados Unidos), y se me quedó pegada una parte en la que habla de cómo el cuerpo humano identifica a los viruses.

“Parte de la respuesta puede tener que ver con la manera en la que las células T reconocen patógenos. Es natural pensar que las células de memoria de T están sosteniendo una foto de un criminal. Pero lo que ‘recuerdan’ es más parecido a la curva de una fosa nasal, la forma de una oreja— fragmentos distintivos de una imagen más grande de la proteína. Supongamos ahora que aparece el primo mucho peor de un antiguo intruso; es un rostro nuevo, pero comparte un rasgo familiar, tal vez esas orejas de murciélago, que podrían alertar al menos a algunas de las células T de memoria. ¿Podría el nuevo coronavirus compartir tales rasgos con patógenos que circulaban anteriormente?” (Siddhartha Mukherjee, 2021, traducción propia)

Procede a explicar acerca de lugares en los que han sucedido otras enfermedades o infecciones respiratorias y posteriormente durante la pandemia no les afectó tanto el COVID. Parecido a vacunarse pero más chido. No necesitas la fotito entera para que tu cuerpo entienda cómo protegerte, sino que necesitas un pedacito nomás. Y eso aplica pa todos los viruses. Y pues: quedé. Me sorprendí. Y llevo como dos semanas pensando en esto. En la formita del covi, en cómo se verán sus primos, pero también en la memoria. En como cuando tratamos de recordar lo que vienen son fragmentos, pero el cuerpo también recuerda así. Y también he pensado en el cuerpo, en las bacterias, en la inmunidad, etc.

Una amiga se quejaba conmigo de sus gustos amorosos y me dijo que nunca iba a aprender. Yo le dije que sí estaba aprendiendo, y le señalé como a cada una de sus parejas (que terminaban por ser unas groseras oye qué les pasa), las terminaba dejando más rápido. Con el primero estuvo un par de años, con el segundo un par de meses, el tercero unas semanas. El tiempo en el que se dio cuenta de que estaba repitiendo un patrón que no le gustaba fue disminuyendo. ¿Y si somos como nuestros anticuerpos? Lentamente vamos viendo los rasgos enemigos y los vamos aprendiendo a reconocer. En un punto parecemos mucho más intolerantes y decimos: ya no voy a soportar estas tonterías. Pero nos tardamos un buen rato en identificar cuáles cosas se ven de qué manera. Por ejemplo, me tardé en entender a un mentiroso, en aceptarlo, y quererlo. Porque a diferencia de lo que yo pensaba, no miente porque quiere herirme, o bajo una lógica organizada, sino que miente instintivamente, por miedo a afrontar las consecuencias o por vergüenza. Pero fue hasta que fui acumulando mentiras que me di cuenta de que me encantaba mi mentiroso. Ahora sé, también, cómo se ve alguien que no se quiere quedar. Las señales son cada vez más obvias.
Mi hermanito se irritaba muchísimo con mi madre porque en las películas, enunciaba lo que ella pensaba lo que iba a pasar y terminaba pasando. Ella no había visto la película, pero sí la había visto en pedacitos de otras historias. Mi hermano, en ese tiempo más pequeño, no entendía cómo sabía y por qué decidía enunciarlo. Como esos superpoderes de las madres que saben por ser madres.
Quizá conocemos así a las personas. Las vemos enteras, pero luego aprendemos a dividir sus pedacitos, sus procesos de pensamiento, sus miradas. Llegar al punto de saber qué quiere comer, a qué huele, qué piensa. Pero también entenderlos como sujetos cambiantes, que al mismo tiempo están aprendiendo y viviendo un proceso; saber que es imposible leerles la mente, tratar de no asumir.
Como que vas entendiendo muchas cosas, desentendiendo muchas otras, y terminas acumulando un cajón con diferentes formitas con las que articulas el mundo y tratas de expresar lo que entiendes.

Fuentes:
Siddhartha Mukherjee. (2021, February 22). Why Does the Pandemic Seem to Be Hitting Some Countries Harder Than Others? The New Yorker; The New Yorker. https://www.newyorker.com/magazine/2021/03/01/why-does-the-pandemic-seem-to-be-hitting-some-countries-harder-than-others
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