Cómplices

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Cómplices

Las relaciones a distancias tienen cierta complicidad que las hace posibles. Esa complicidad es la promesa de un reencuentro, de jugar a congelar el tiempo, de verse por dentro más que por fuera, de hacer caso omiso al tiempo.

El tiempo y la distancia son los peores enemigos, la complicidad es la única solución.

El cómplice más grande en mi vida vive en México, y si bien el tiempo ha trabajado mucho sobre nosotras, cada vez que nos vemos no hay tiempo, no hay edad, ni años, ni periodos, ni modas. Somos nosotras y ya. No hay nada nada más bonito que conocer a alguien tan de adentro que se parece más a un color, una sensación, un abstracto, más que una persona con ojos boca, manos, pies, huesos y carne.

La complicidad llega a tal nivel que casi se va el nervio y los miedos que guarda el tiempo en las distancias, seguimos nuestras vidas, pero ya no existe ese miedo a que esa vida sea mejor que la que podría tener contigo. No hay egoísmo. 

Lo que si la distancia siempre duele y nunca deja de doler. Duele donde no se ve, duele como si te apretaran, aunque en realidad lo que hace es estirarte por kilómetros y kilómetros. Pese a lo mucho que duele no le temo en absoluto a las distancias, si no a la capacidad de complicidad que tenga con quienes deciden partir, la permanencia de esa extraña voluntad que se da o no se da, y si se da se pierde o se gana con cada reencuentro.

"Siempre es levemente siniestro volver a los lugares que han sido testigos de un instante de perfección" - Ernesto Sabato, Sobre Héroes y Tumbas

Lo peor de los reencuentros es que nos volvemos tan imaginarios de colores y sensaciones, que cuando te enfrentas a la otra persona se vuelve demasiado real, demasiado abrazable, monstruosamente bonita y fea, cambiante. Grotesco, los reencuentros son grotescos. Los cuerpos son grotescos, el tacto es grotesco con esos que están lejos, las cosas se vuelven más pesadas, las palabras son más serias y menos pensadas y aparece la inseguridad de decir algo que no se debe. Pero si la complicidad es suficientemente grande puedes encontrar algo en esa persona de carne y hueso que sea igual al recuerdo deformado en la memoria, engañar a la primera impresión y permitirte sentir esas sensaciones. Los reencuentros son una puesta a prueba, sobre todo a uno mismo.

Este invierno gané un nuevo cómplice que no sabía que tenía, y perdí un poco a otro, pero de eso se trata la distancia, de eso llevo mis relaciones más fuertes y confío que todo este esfuerzo es lo que las hará permanentes. No espero que todo siga tal cual, ojalá cambiemos, y mucho, ojalá deformemos a tal nuestros recuerdos que necesitemos escribir otros y que se escriban por si solos.

Sofía Montealegre B

Sofía Montealegre B

Estudio, respiro y hasta duermo arquitectura, no me da el tiempo para más.

Chile