Chocolates con naranja

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Chocolates con naranja

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El otro día compraron unas ramitas de chocolate con naranja. En general, no como chocolates, y de hace años que no comía con naranja. Pero ese día decidí comer un palito.

Inmediatamente me sentí transportada a un lugar muy específico: el Líder de Puente Nuevo, en Santiago. Había una tiendita de chocolates en el piso de abajo, hacia el estacionamiento. Me acuerdo de tener una bolsita de chocolates con naranja en la mano y que todo se veía muy grande. Será porque era muy chica.

No sé si yo pedí chocolates. No sé qué edad tenía ni si íbamos entrando o saliendo del supermercado. En teoría (es decir, hasta lo que creía saber), no me gusta el chocolate con naranja. No soy fan de los chocolates con frutas en general. Pero me acuerdo del sabor a chocolate con naranja.

Resulta chistoso cómo algo así puede quedar tan impreso en la mente. Nada del contexto, solamente sensaciones asociadas a un palito semiamargo. Son huellas que quedaron marcadas inesperadamente, y que seguramente, si como otro ahora, no tendrá la misma sensación que el impacto de reencontrarse con la memoria. Conocer algo que ni siquiera sabía que sabía.

Ahora me gusta el chocolate con naranja.

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Hay algo ahí que trascendió océanos de tiempo y llegó a un breve instante, en una situación nada que ver con la primera. No había nada que la distinguiera de manera racional, ni siquiera sé si era la primera vez que lo probaba. Pero, de la misma manera, hay cosas que pensé que serían eternas, y ahora solamente tengo el remanente de un sabor parecido en la lengua. O quizá ya olvidé.

Y cuando pienso en esto, y pienso en aquello que creo que generó tal impresión que me llevó a ser quien soy hoy, me doy cuenta de que se trata de ilusiones. Hay eventos que parecían más grandes, o que pensé que no podría sacarme de la cabeza que dejaron un rastro, como mucho. Puede ser que al tenerlas tan presentes, en el frente de mi cabeza, se deshicieron con el tiempo en la mirada, y ya no puedo sentirlo.

Puedo sentir ese día en el supermercado. Puedo saborear las formas de gajitos y oír el ajetreo de carros y personas circulando. Puedo sentir la mano de mi papá e incluso puedo olerlo. Y todas estas sensaciones quedan ahí, atrás de la cabeza, en un baúl de chocolatitos con naranja.

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Las imágenes pertenecen a John Knuth, "Faded Siren" (2013)

Amanda González Alarcón

Amanda González Alarcón

Chilena paltera, 23 años. Instagram: @amandinalaandina.