Cartas no enviadas

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Cartas no enviadas

El sobre que aparece en esa foto es mi sobre de cartas no enviadas. No son cartas que planeo enviar. Son cartas que escribí, sabiendo que el destinatario original nunca las recibiría.

Aunque suene extraño, es algo que me gusta hacer. Es desahogante escribir una carta y no enviarla.

A veces tenemos que cortar comunicaciones con alguien porque no nos está haciendo bien en nuestra vida. A veces alguien corta comunicación contigo aunque sea lo que menos quieras. En otras ocasiones ni te atreves a saludar a alguien a quien no les has hablado en años, o simplemente te resulta humanamente imposible comunicarte con alguien. Ahí entran las cartas no enviadas. Agarro un pedazo de papel y le soy sincera.

Mis amigas y yo tenemos el pasatiempo, y me atrevería a llamarle la necesidad, de escribir en cuadernos. Yo escribo casi a diario y trato de llevar mi cuaderno a todas partes. Lo lleno de dibujitos, ideas, frases y güevonadas que pienso. Nosotras conocemos el sentimiento de serles sinceras a un papel. Aunque creo que el sentimiento de las cartas no enviadas es distinto. Se parece en el sentido práctico: es desahogante. Pero está llena de un sentimiento hacia otra persona en particular. La mayoría de mis cartas no enviadas tienen un aire triste, porque en el fondo sé que la persona nunca la va a leer.

Al serle sincera a un papel dirigido a otra persona, uno descubre cosas de sí mismo. Salen ideas que quizás ni sabías que tenías dentro de ti, y lo mejor es que nadie tiene que saber de ellas. Es maravilloso de esa manera en la que algunas cosas chéveres que haces y nadie tiene que saber son maravillosas. Y es fácil de hacer.

Agarras un pedazo de papel. Consigues algo con que escribir. Comienzas con la típica introducción “Querido Graminio:” o simplemente te vas por el nombre “Graminio:” y a partir de ahí, te das la libertad de ser extremadamente sincero. “Te extraño, pero creo que no te voy a volver a ver. Siempre me pareció que olías a mandarinas. Nunca te pregunté por qué, pero estoy casi segura de que era por tu shampoo. Te vi el otro día al otro lado de la calle pero me dió pena saludarte porque no te he hablado desde que nos peleamos. Ojalá estés bien. (… blablabla …) Adiós.”

Luego, haces lo que te de la gana con la carta. Puedes tener tu sobre de cartas no enviadas, como yo. Puedes quemarla, usarla de marcalibros, o de papel toalé. Yo lo encuentro desahogante y al final me siento mejor.