Carta

A ti, esa noche, ese evento al cual por fin le puedo poner nombre y apellido.
A ti, mi temido e innombrable abuso sexual, mi violación, te quiero decir esto:

Llegaste a mí sin pedirlo, sin aviso y sin razón, como un huracán que destruye todo a su alrededor, y llegaste acompañado de dos compañeras tuyas: la depresión y la ansiedad. No te reconocí e intenté negarte durante el mayor tiempo posible; No me dejaste otra opción más que aceptarte y sentirte por lo que eres y por lo que fuiste.
Viví contigo por muchas noches, demasiadas. Me seguiste durante años, como una sombra que por más que intenté huir de ella, siempre sigue ahí, atrás de mí. Cuando llegaste quitaste todos los colores de mi vida, la volviste gris. Me paralizaste, me anestesiaste. Te fuiste acercando, y entre más lo hacías, más lejos me sentí de todos. Como una burbuja que solo me limita a ti.
Me has agotado en todos los sentidos posibles. Tanto mentalmente, que llego a sentirlo de forma física, un dolor tan real que lo puedo tocar. Me has arropado de miedo, tristeza y enojo, y te has encargado de recordármelos diariamente.
Te has hecho cargo de tirarme, de quitarme todas las ganas de levantarme en las mañanas; de distraerme de las cosas que me importan, de las que me gustan; de hacerme llorar por noches incontables. Pasan los días, y cuando pienso que he mejorado, tu recuerdo me reitera que no te has ido, que junto a la ansiedad vuelve a meterse tan profundo en mi cabeza, sin dejarme concentrarme, ni pensar.
Me has hecho tan chiquita, tan insignificante y tan poco valorable que has logrado que te crea y me desvanezca. Me has causado tanto enojo, tanta rabia, tanta impotencia. Me quitaste un pedazo de mí, de mi alma, de mi esencia: me sumergiste en una oscuridad que me abraza y no me quiere dejar ir, ni respirar. Apareces en mis sueños y me levantas en llantos y gritos, recordándome esa noche de nuevo, sin dejarme dormir, comer, respirar. Me haces consumirme y llenarme de enojo. Intentaste con todo tu poder tirarme y ahogarme, y muchas veces casi lo logras.
Pero te escribo esto para decirte que no será así. Me sigo levantando, cansada de ti y del gran poder que ha tenido sobre mí y sobre mi vida. Te odio, te odio como nunca pensé que era posible odiar. Quiero que desaparezcas de mi vida y no regreses jamás, y quiero que te lleves a tus amigas contigo, pero sé que no me podré despedir de ti por completo.
Te acepto. Te acepto como una noche que jamás olvidaré. Una noche que me marcó, que llevaré adentro por siempre con un profundo dolor, pero que no me logrará hundir. Aprenderé a vivir contigo, de una manera que pueda agarrar todo este enojo y dolor y usarlo a mi favor, para hacer cosas buenas, para demostrarte que sí se puede, para demostrarte que puedo resurgir.
Aprenderé a sacar fuerza de donde siento que no hay más, incluso cuando mi cuerpo se niegue. Sonreiré cuando pienso que no puedo, y me levantaré cada vez que me tires al suelo.
Seguiré luchando para dejar de pelear contra ti. Te usaré para aprender de ti y hacerme mas fuerte, para crecer y ayudar a todas las otras mujeres a las que te aferras con tanta fuerza. Si llegaste a mi vida fue por algo: como una traba tan difícil, colocando piedras en cada paso en que avanzo. Aunque nunca deberías de haber llegado (nunca deberías de llegar con nadie), el hubiera no existe, y sé que estás aquí para quedarte.

Bienvenido, ponte cómodo, porque yo tampoco me voy a ninguna parte.

-Helianthus

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