Calabaza, calabaza

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Calabaza, calabaza

Creía algunas cosas permanentes. Hay amistades que firmamos en cartas que durarían por siempre (o mi mejor amigo de jardín infantil, con quien prometimos casarnos para no separarnos nunca y se fue a vivir al sur poco tiempo después). Creí en algunas promesas, y ahora miro atrás y las veo esfumadas de hace tiempo. No me arrepiento de haberlas hecho. En algún momento las pensé duraderas. Ahora me quedo con lo bueno.

Hay cosas que sí juro permanentes. El amor de y hacia mi familia, por ejemplo. Creo que si mi hermana matase a alguien, le iría a dejar ñoquis a la cárcel.

Y otros permanentes, como el hoyito constante debajo del diafragma y encima del estómago donde van quienes extraño. La pata que se me queda atrás cuando camino norte del continente. Un pocillo de pebre. La cordillera. La gente que encontré a la falda de volcanes que no son andinos, sino a los pies de la mujer dormida. Esas eternidades.

Cortázar hablaba de las Esperanzas. Yo les hablaré de las Eternidades.

Las reconoces cuando las ves. Brillan del mismo color que has visto en otras vidas. Se ven suaves al tacto, un símil de terciopelo, y encajan. Las ves y hacen sentido. Así que estiras la mano y ellas la toman, y cuando se van, no la sueltan, te la estiran como tallarín. Cuando se hace una promesa en voz alta, se asume que ya estaba hecha, y esta es simplemente una cordialidad de comunicación. No fue necesario exteriorizarla para que su corazón también la hiciera.

A veces son ingenuas. Tienen una fe ciega, y nada las hace cambiar de parecer.

Así se veía la permanencia. Como las semillas que se deslizan de mis bolsillos descosidos a la tierra que piso y explotan en calabazas. (El truco es, entonces, que cuando alguien clama "calabaza, calabaza, cada uno pa su casa", siempre hay caminos pa donde ir).

Permanencia es el olor a incienso en el living de mi casa. Saber que, como ahora, acostada sobre mi regazo, siento a Guada cerca cuando está lejos.

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Permanencia es que una de mis personas más cercanas sea que alguien que tuve físicamente cerca –en la misma ciudad– menos de un año dentro de nuestra amistad, y que ahora llevamos de siete a ocho años siendo parte vital de la otra.

Eso suena permanente.

Las palabras y figuras que decidí imprimir en mi piel se sienten más temporales que ellas. Cuando se van (o yo me voy), les digo, cual e.e. cummings

i carry your heart with me (i carry it in my heart)

Eso es lo más permanente que conozco. Tener a Guadita acostada sobre mis piernas, sabiendo que parte en 39 horas, y sentir paz. Porque yo estoy aquí y ella está allá y yo estoy con ella y ella está conmigo.

No hay mayor permanencia. Si un día parto, será con todos. Con los cerca y los lejos y los cerca que se convierten en lejos. Con todos.

Si un día parto, no tiene que ver con ellos. Su corazón parte conmigo.

Eternidades son los nombres que llevo tatuados en mi alma.

Y me iluminan.

Sigan brillando.

Amanda González Alarcón

Amanda González Alarcón

Chilena paltera, 23 años. Instagram: @amandinalaandina.