cadáveres sin nombre

No ficcióncrítica

cadáveres sin nombre

Se aplastaron unas arepas olvidadas en mi morral. Me llevé cuatro en una bolsa ziploc, me comí dos y decidí dejar las otras para después. Las recordé cuando llegué a mi casa.

También en sus bolsas plásticas, se aplastaron cientos de cuerpos en unos trailers en Jalisco. Mientras se podrían, los movían de un lugar a otro a manera de solución. Tuvo que ser descubierta la fiscalía luego de un par de años para que se decidiera buscar otro remedio. Y es que ya es ilegal quemarlos. Así fue como estos cuerpos sin nombre, amontonados, pasearon de un lugar a otro en el trailer. A los choferes, mientras se callasen y cerraran el hocico, se le pagaría bien.

Estamos llenos de cadáveres y se nos olvida. Tenemos cadáveres sin nombre paseando en un trailer. Cadáveres sin nombre en el fondo del mar. Cadáveres sin nombre en fosas clandestinas. Quemados. Partidos en pedazos pequeños para que quepan mejor.

Tenemos gente buscando desesperadamente. Gente buscando dónde esconder los cadáveres. Gente buscando dónde están sus seres queridos. Gente buscando la mejor manera de desaparecer cuerpos.

Van a construir una cámara de refrigeración más grande. ¿Y después? ¿Qué va a pasar con los nuevos cadáveres? ¿Qué pasa cuando se llenan todas las fosas y los trailers y no puedes quemarlos todos a la vez o echarlos al mar?

Hay cadáveres sin nombre, y no saben ya dónde ponerlos.

Imagen de Sin Embargo mx