Bonita cuando lloras

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Bonita cuando lloras

Un hombre me dijo una vez: “te ves bonita cuando lloras”. Tiempo después, mientras teníamos a una acalorada discusión que terminó en decidir dejarnos, empezaron a brotar riachuelos tibios de mis ojos de nuevo. Y entonces penśe: “tal vez así se vuelva a enamorar”.
No pasó. Pero romanticé desde entonces mi dolor a tal punto, que me empezó a gustar a mí. Y entonces las lágrimas regadas por la acera empezaron a equivaler al acto de aquellas personas que a su paso siembran flores.
Hay quienes se ponen una máscara para salir a la calle: yo me la puse para mirarme al espejo. Aprendí a pensarme a mí misma como un dolor precioso deambulando el mundo, porque “te ves bonita cuando lloras” y porque su voz en mi piel nos mantendría juntos.
Pidió mamá que reemplazara su legado por mi sonrisa. Pero no fue posible, porque el dolor es una máscara que coloniza el cuerpo de adentro hacia afuera. Cuando uno ama al dolor, le dá verdad. Uno hace existir aquellas cosas en las que vuelca sus emociones. Podemos ser creadores de aquello por lo que sentimos.
El día que lo entendí se amontonaron en mi pecho palabras como “hipócrita”. Me sentí una farsa. Me sentí para conmigo misma una de esas personas que se esconden tras fachadas y todos, por acuerdo social, decimos odiar.
Fue el paso de los años y un amor de bar el que me hizo entender que somos también lo que inventamos que somos: la cortina de humo alrededor de nuestros cuerpos, los filtros virtuales, la multiplicidad de facetas… somos también lo que inventamos que somos.
Yo, como él en su momento, creo que me veo bonita cuando lloro. Hago del dolor un escudo extraño y lo muestro orgullosa. He dedicado mi vida a reestructurar la herida. Y aunque en su momento esta comprensión de mí misma no fue más que la consecuencia de una mentira, mi amor le dio verdad.
Empeñados en entrar en contacto con la esencia de los demás, hemos perdido de vista lo que han elegido mostrar. Y eso, señoras y señores, es no respetar la libertad. Por eso mírame a la máscara, que soy yo misma o al menos una de mis partes. Presta atención a la que elegí. Y ahora... pregúntame por qué. Te contaré mi historia, y sabrás entonces que si de todos los lugares del universo tuviera yo que elegir uno para ser, sería aquel en el que me refugio.

Valeria Farrés

Valeria Farrés

Caracas-Ciudad de México.