Aunque no marchamos, sí avanzamos.

ColaboracionesNo ficciónensayo

Aunque no marchamos, sí avanzamos.

“La belleza empieza en la planta de los pies, en cómo te paras, en la seguridad con la que caminas”.

Una frase de María Félix que se utilizó mucho el fin de semana pasado con motivo de dar esperanza, pero sobre todo, empoderar a quienes se sienten oprimidos, discriminados o aislados por su orientación o condición sexual, o su expresión e identidad de género. Y aunque parece sumamente tentador pensar que la aceptación está en la planta de los pies, habría que pensar primero dónde estamos parados.

Este año, la marcha del orgullo se llevó a cabo de forma virtual y desde ahí comienza una larga lista de diferencias con la marchas anteriores. Al estar en cuarentena se trastoca la realidad tangible, lo que se puede tocar, lo que se puede oler, todo lo que tiene que ver con un acto presencial. Cuando se compara con una marcha (la emoción de ver calles llenas de gente haciendo comunidad, los olores, los gritos) no es lo mismo. En lugar de que duelan los pies por horas de caminata, te duelen las pompas y te arden los ojos de estar frente a la pantalla. Sin embargo, aunque lo más poderoso de una protesta es usar nuestros cuerpos como herramienta para hacernos presentes en el espacio público, este año sí se ganó algo.

La marcha de la comunidad LGBT+ ha sido legendariamente conocida por muchos como un altavoz potentísimo donde gritamos por lo que aún nos hacen falta, pero también celebramos que al menos ese día, nosotros ganamos; y los que nos acompañan, se ponen la camiseta arcoíris de nuestro equipo.

Pero aunque esas sean las intenciones, las primeras impresiones de muchos otros es que vamos a exhibirnos, encuerarnos, UNA ORGÍA MASIVA. Y ahí es donde se gana este año.

El banderazo de la marcha fue clave. Thalía, una mujer seguida por millones de personas, un foco de atención a nivel mundial. Seas quien seas, si sigues los pasos de Thalía, significa que te enteraste que existía una marcha de la diversidad sexual. Y poco después de eso, habrás visto en una mesa a una lesbiana, una mujer transexual y un gay (nada afeminado) hablando de la importancia de hacernos visibles, de los problemas a los que aún hacemos frente y de nuestra historia. Una historia que por cierto, poco tiene que ver con el exhibicionismo y las orgías.

A pesar de que junio fue el mes del orgullo, los números rojos de la comunidad transexual aumentaron y además, hubo un luto de días por el asesinato de la Dra. María Elizabeth Montaño, una de tantas tragedias que a veces, ni siquiera tienen nombre.

Esto demuestra el desconocimiento que tenemos de nuestra historia: es hipócrita vestirse de arcoíris y no abrazar todos sus colores. Resulta absurdo formar parte de la comunidad y no alzar la voz por las personas trans, y es ridículo porque hoy podemos tener libertad y andar en la calle sin miedo a ser arrestados o golpeados gracias a que hace 51 años, Marsha P. Johnson, una mujer trans negra se hartó de ser oprimida y comenzó a alzar la voz por todos.

Otra de las cosas que se retomaron de la historia es la unión de minorías. Antes de Stonewall, hubo múltiples protestas en contra del racismo, del machismo y de la opresión sexual. Este año, se agregaron a la bandera arcoíris 5 colores: café y negro como símbolo de la integración de una lucha racial; y blanco, rosa y azul, como un grito desesperado por la NO discriminación trans.

Este año se ganó mucho terreno pero, como en todo, hay patrones que no paran de repetirse, y uno de ellos es la falta de interseccionalidad. ¿Recuerdan que al inicio sugerí pensar dónde estamos parados?

Quienes se hicieron presentes durante toda la marcha, fueron una serie de personas privilegiadas, bonitas, gente muy agradable a la vista. Nadie quiere ver mujeres fuera del estándar de belleza en forma romántica, es mejor tener representantes lindas. ¿Mujeres lesbianas, bisexuales o trans indígenas? Que se regresen a sus pueblos.

Enfrentamos una lucha que requiere interseccionalidad, unión, empatía. Hay que reconocer nuestros privilegios y aprender a pasar el micrófono a quienes están debajo de nosotros. Siempre habrá mucha gente que nos oprime pero eso no nos exime de oprimir a muchos más. No perdamos de vista que hay crímenes y discursos de odio vigentes, que hay transfeminicidios, que hay discriminación. No nos vistamos de arcoíris solamente un día, sólo para hacer dinero. Seamos conscientes, seamos empáticos, seamos humildes, seamos unidos.


Por Clivia Torres, @nosoysilvia en twitter y en instagram.