Amarme es complicado a veces

No ficción

Amarme es complicado a veces

Amarme es complicado a veces. Pero otras veces no, como cuando me preparo pan y lo pongo cerca de mi pecho, o me hago un té como me enseñó Amanda, me lavo la cara, sonrío ante el espejo, y bailo.

Estoy aprendiendo a estar sola. Hay días geniales y parece que puedo. Hay otros en los que no me sale. No estoy segura de qué depende. Supongo que un poco de todo. De lo que como, del clima, de qué tal dormí. La única manera de aprender a vivir es viviendo.

Me toca aprender que ya no soy una niña que se siente ignorada y poco valorada. Ahora soy adulta, tengo amigas saludables, he fortalecido mi identidad. Pero al principio, a veces todavía, estar sola se siente como estar sentada en las escaleras viendo el reloj del recreo esperando a que se acabe. Estar sola me regresa a la biblioteca del colegio a esconderme.

Una vez confronté a un chico de mi generación. ¿Por qué habían sido así conmigo? Se quedó tan confundido. Ahora entiendo que eran niños, y los niños hacen pendejadas. Los justifico un poco. Pero también, me esfuerzo por querer a esta niña. Decirle: te quiero, vas a estar bien, vas a conocer a gente increíble que te va a amar. Y decirle: eres válida, están bien tus gustos. Y darle un abrazo. Sigo siendo esa niña en alguna parte de mi. Cargo mucha rabia que no sé dónde poner. Y está bueno estar sola para enfrentarme y trabajarlo. Pero me da verguenza admitir mi propia cobardía, verme con los ojos que me vieron. Soy dura conmigo porque no sé de qué otra forma se puede ser. También, a veces soy suave, pero es inevitable. Mi cuerpo no me permite hundir mis emociones. Me tengo que querer así, y abrazarme mientras lloro y ponerme límites y escuchar a mi cuerpo. De manera racional a veces no quiero llorar; pero siento el quiebre, me siento herida. Y pienso: tienes la piel muy blanda. Después pienso: está bien, tal vez te toca tener la piel muy blanda para aprender. O: tal vez tuviste la piel gruesa mucho rato y necesitas un descanso.

Me quiero amar mucho y verme con los ojos con los que veo a quienes amo. Quiero sentirme infinita. Quiero perdonarme por no entender a mis compañeros y no tener con quien pasar el recreo. También por justificarlos en su momento y no defenderme de sus acciones. Quiero sanar mis heridas que el tiempo no va a curar si no toco. Y tal vez, un día pueda inspirar a alguien como yo, joven, triste, que piensa que no hay otras posibilidades, otras realidades. Que vive en una burbuja en la que nunca va a encajar, pero no sabe que hay más. Que los adultos mienten, que no tiene que sentirse culpable, que sus ideas no son “pecados”. Que no hay persona errónea, y todo nos lo vamos inventando.