Algo así pasa dentro de mí

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Algo así pasa dentro de mí

I

Hablamos sobre muchas cosas ese día, ¿lo recuerdas? Éramos extrañas, éramos tan sólo miradas. Nos andábamos siempre por rumbos distintos sin entender que algo ya nos ataba. Quedamos suspensas de pronto en el espacio, forma sin forma, infinita dulzura. Se acomodaba un brillo entre nuestros cuerpos y más allá de lo que podíamos ver, en la caída del párpado ya estaba inscrita tu palabra, la mía, flotando en sincronía sobre una única piel que aún éramos incapaces de habitar.

Sin saberlo, cedimos. Nos entregamos al aire, al eco del agua sin siquiera entender que nosotras ya respirábamos el mismo fulgor; en nuestros pulmones, el mismo suspiro y en las manos texturas invisibles. Nos dejamos tan pronto envolver por la quietud, por la calma que ahondaba en nuestro verbo, en los atardeceres que, sin saberlo, ya eran nuestros. Murmullos de la noche nos iluminaban, nos envolvían otros ojos, otro pestañeo ajeno que nos encubría en su anhelo. Porque desde un principio nos andábamos atadas. Porque, sin conocernos, nos hablábamos con la mirada de los demás. Era una especie de código que sólo nosotras entendimos.

Ese día, observaste las fotografías que yo había tomado para un trabajo, me miraste y dijiste: “algo así pasa dentro de mí”. ¿Lo recuerdas? Fue entonces cuando, más allá de cualquier fondo, de cualquier espacio, ambas comenzamos a desdibujar un mismo cielo. A partir de ahí comenzamos a volar entre la delicadeza, la finura de nuestras memorias sin comprender del todo que aquel aleteo siempre nos había pertenecido. A ti, te crecen alas en la espalda, un rumor color lila que entinta tu presencia, vuelas tan bonito: emprende el ala en tu cuerpo un susurro que se extiende, con tanta facilidad, al mío. Y así, tan suavemente me deslizo contigo en el viento, respirando un sueño que era y siempre había sido nuestro. Gracias por darme tu vuelo. Ahora son nuestros los recuerdos.

De niñas, ambas quisimos ser hadas. Hay algo tan hermoso en la pequeñez, tú lo comprendes tanto como yo: un hada es capaz de encontrar refugio en todos los lugares y yo encontré refugio en tu palabra.

Pienso que estas ataduras que nos componen son como la gravedad, de pronto somos incapaces de evitarlas y terminamos por caer tan hondo en los demás. Quizá caímos, pero el descenso fue distinto, porque sentí que en ti no caí, volé, y volé tan alto.

Somos hadas. ¿Lo recuerdas?

Te voy a extrañar.

Alejandra Ríos

Alejandra Ríos

Colecciono sonidos.