Alcoba

Mi alcoba, vapor azulado,
resopla en su gélido halo
la palidez de la mañana.
Ahí, en mi orilla,
cortinaje nebuloso,
como un brío desvestido
que acontece en mi
delirio, reclama la luz del alba.
Agotada, entro.
El hálito de la caoba,
aroma liso, tiniebla corpórea,
se hace piel en la sombra
tendida: fractal disuelto
sobre la herida. Seda.
En la esquina,
mi alcoba,
precipitado frío
despierta en mi recuerdo
la delicia,
el hito ultramar
de una caricia extinta.
Mis manos, criatura viva:
el silencio que respira.

Suspiro.

Alejandra Ríos

Alejandra Ríos

Colecciono sonidos.