Acumuladora

Admito que soy una acumuladora. Soy esa persona que le encuentra belleza, utilidad o importancia a cosas que mucha otra gente no. Sé que he mejorado con el tiempo, ya no acumulo tantos corotos (cachibaches en mexicano), pero todavía me cuesta mucho cuando debo deshacerme de algo.

Supongo que mi manía de acumular es heredada. Una mezcla de miedo por no encontrar algo de nuevo (entonces no botarlo a pesar de que a veces sea inservible) y remordimiento por generar basura.

Veo con incredulidad como a fin de año algunos amigos queman o botan sus cuadernos. Deben sentir una libertad enorme por no cargar con tantas cosas. Acepto regalos que no necesito si eso significa que no van a la basura. Tengo cajitas llenas de objetos aleatorios porque no sé dónde ponerlos.

Por mucho tiempo me ha generado angustia la cantidad de basura que genera la gente, la cantidad de basura que genero yo. Huyo entonces de cosas como el plástico. Cuando no puedo huir de él, trato de conservarlo, convertirlo en otra cosa y así no botarlo. Tengo en mi cuarto un funeral de plásticos de los que me resulta difícil deshacerme y con los que parece complicado hacer cualquier cosa. Como el plastiquito que rodea los libros, ¿cómo lo voy a reciclar?

Estoy ordenando mis papeles y se vuelve evidente mi acumulación. Verán: no hacen tanto daño cuando tienes espacios dónde meter las cosas. Si tengo cajas y carpetas y suficiente espacio puedo esconder mi acumulación, la puedo organizar y pretender que sirve para algo. Pero ahí, toda fuera, enfrentarme a cada pedazo de papel resulta una actividad mucho más abrumadora de lo que imaginaba. Además de ser muchos papeles, me cuesta cada vez más justificar el porqué los tengo. Pero estoy feliz de estar haciendo esto, porque después de esta purga por la que están pasando mis objetos, siento que yo también me voy a sentir mucho más liviana.

Luego me pongo a divagar. He llegado a estresarme pensando en que la gente va a sufrir por mi desorganización. Si me muero, ¿qué harían con mis cosas? No quiero que pase y que alguien tenga la responsabilidad sobre tantos objetos sin sentido. ¿Qué van a hacer con mis exámenes de 6to grado o con mi funeral de botellas de shampoo? Si no quiero que vean todo como basura y lo boten, debo ocuparme de mis cosas para que la gente las vea dos veces al menos antes de deshacerse de ellas. Y no espero morir pronto, voy a morir de vieja. Pero igual no quiero cargar un monstruo de objetos detrás de mi.

Admiro la manera en la que algunas personas tienen la capacidad de tener toda su vida en un abrigo. Si viviese en la calle, sería una de esas vagas con los carritos de supermercados llenos de todo, no de esos ligeros sin carga.

No es sólo físico. Me da miedo olvidarme de momentos entonces los acumulo también. Tomo fotos, videos, los escribo. No quiero olvidarme. Tengo múltiples cuentas de gmail para aprovechar los 15 gb gratis de cada una.

Es raro, hasta en las hojas me cuesta dejar espacios vacíos.

Supongo que esta acumulación dice algo de mi manera de ser. No lo sé. Pero me cuesta admitirlo. Mis objetos me hacen feliz y los trato a veces como si tuvieran su propia vida interior; cuando me son fieles, como unos zapatos de correr que duran mucho, me gustan más. Y aunque estén viejos siento que les debo fidelidad de vuelta.

Esto tiene su lado bueno. Como nunca quiero botar nada, suelo arreglar las cosas y gastar menos dinero. Es interesante las ideas de reciclaje que se me pueden ocurrir. Y consigo cosas interesantes. Ya tengo un shampoo que no tiene plástico, estoy en la búsqueda del desodorante perfecto (también sin plástico) y hasta hablé con una amiga acerca de comenzar una empresa que acerque estos productos a la gente para que sea más fácil generar menos basura.

Nunca lograré ser minimalista. Me resultaría imposible. Pero está bien. Estoy bien. Todo va a estar bien.

oscar Foto

La imagen de portada pertenece a Sesame Street