Acoso e insistencia

No ficcióncrítica

Acoso e insistencia

Este no es un buen mundo para ser mujer. Todavía, en nombre del bien, nos exigen ser y actuar de una u otra manera. Nos educan bajo parámetros específicos e ideologías que parecen infranqueables, arrinconándonos en un deber ser incuestionable... mutilándonos la libertad. Este aún no es un buen mundo para ser mujer.
De todas las reglas que aprendí en mi adolescencia sobre cómo debía relacionarme con los hombres la que menos entendí, fue la de “hacerme respetar” rechazando. En otras palabras: “hazte la difícil”, “tienes que tardar más que él en contestar”, “hazte del rogar”, “lo bueno es difícil de conseguir”.
Mi duda era: ¿por qué me tengo que “hacer respetar”? ¿Por qué si el respeto está tan íntimamente relacionado con la dignidad humana, nosotras nos lo tenemos que ganar? Y aún más confuso: ¿por qué rechazar a alguien sería la forma de obtenerlo?
Una vez, en una discoteca, vi cómo un hombre se le encimaba a una mujer mientras ella lo esquivaba. No había pasado ni un minuto cuando entró al baño y decidí seguirla. Frente a los lavabos le pregunté si necesitaba ayuda, si quería llamar a un amigo o a seguridad. Me dijo que no, que a ella sí le gustaba él, pero quería que le insistiera un poco más.
Me di cuenta de lo común de la práctica y, más grave aún, del fomento de la misma: se nos ha enseñado por años a decir que “no” cuando en realidad es “sí”. Y este, desde mi punto de vista, es un problema. Porque decir ante el machismo que “no es no” y actuar como “no es sí, pero insiste”, genera confusión. Y la confusión, cuando se trata de acoso, es sumamente peligrosa.
Honestamente creo que nuestro alcance en la lucha contra el machismo sigue siendo muy limitado. No sé de ningún violador que haya dejado de violar por una pancarta. No sé de ningún acosador que haya dejado de acosar por una conversación. No sé de ningún misógino que haya dejado el maltrato por un debate. Nuestras acciones se quedan cortas y parecen no servir de nada si no son colectivas. Pero esta práctica, la práctica de incitar a la insistencia, me parece un cambio paulatino, necesario y posible.
Estamos usando la misma palabra cuando queremos que se alejen de nosotras y cuando queremos que nos busquen. Y aunque entiendo que los juegos de seducción a veces pasan por lugares recónditos, estoy segura de que hay mejor formas de seducción que la confusión.
La cultura sólo la podemos cambiar con nuestras propias prácticas. Lo que quiere decir que si queremos que esto cambie debemos dejar de actuar así, y pedir que los hombres actúen acatando las palabras y no lo que tal vez está dicho entre ellas. Necesitamos ser congruentes con el “no es no”.
Nos llamarán putas, fáciles, corrientes, perras. Dirán que estamos mal por decir que sí a la primera. Pero creo que, en eso, nos corresponde cambiar. No se trata solamente de señalar a los hombres machistas y violentos: también se trata de que dejemos de ser mujeres machistas y violentas para con nosotras mismas.
No es fácil. La sociedad no está lista para entender por qué cambiamos: pero tenemos que cambiar para que la sociedad esté lista. Las mujeres no tenemos que hacernos respetar, ni mucho menos tenemos que rechazar a alguien para sentirnos dignas.
Porque la insistencia es no respetar lo que alguien dice querer. Y eso no es una forma de amor... es acoso.

Valeria Farrés

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Valeria Farrés

Valeria Farrés

Caracas-Ciudad de México.