A ella la recuerdo

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A ella la recuerdo

La recuerdo porque me enseñó a prender y a apagar la luz. Creo que nunca supe con exactitud en qué momentos debía permanecer encendida y en qué otros apagada, siempre me pareció confuso, pero ahora sólo lo sé. Es muy curioso porque cada que ella entraba al salón de clases, se paraba frente a todos y nos hablaba acerca de cómo la luz en ese momento era tan innecesaria y sólo se acercaba a los interruptores y la apagaba. Recuerdo que me costaba escribir sobre mi cuaderno, no alcanzaba a leer del todo las palabras que iban encajando en la página y quizá ella lo sabía y apagaba la luz para que no pudiésemos ver; tan sólo sentir esa ausencia breve y clara retumbando en cada rincón de nuestras manos, nuestros ojos enceguecidos. Para ella era tan fácil apagarla, pero yo siempre titubeaba. No sabía en qué momentos era necesaria o si la necesitaría después. Apagarla para mí significaba ser ausencia, vacuidad inédita. Sin embargo, con los años aprendí que la oscuridad no es ausencia, solamente es otro tipo de presencia, otro tipo de vapor, de corporeidad que tal vez no es visible, pero que se palpa y se saborea y eso es aún más bello. Con ella, aprendí que también puede haber vacío en mis ojos sin dejar de tener en mi pestañeo la iridiscencia de la lágrima.

Siempre es curioso pensar sobre lo que nos deja un maestro. Ella fue mi maestra de geografía y me enseñó que la vida es aquel momento en el que se titubea, en el que de pronto quedamos inmóviles ante la posibilidad de apagar una luz o de volver a encenderla. Me dejó una cartografía de la luz, porque con el tiempo la que terminó por encenderse fui yo y las cosas que dejé atrás se consumieron sin que pudiera comprender por qué; tomaron otra forma y recomenzaron en el vaho de otro silencio singular. La vida es ese espacio que queda en medio. No es luminiscencia, pero tampoco es oscuridad, y nosotros somos el mapa, aquello que dormita entre ambos hasta que algo nos hace despertar entretejidos a la luz de otro lugar.

Ahora, cada vez que salgo de mi cuarto lo único que me detiene es el ímpetu por tocar el interruptor y apagar aquello que quizá debió permanecer sombreado desde hace tiempo.

La luz es el hito de un lugar.

Alejandra Ríos

Alejandra Ríos

Colecciono sonidos.